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Posverdad: ¿Mentiras que son menos mentira?




¿Es una patología no soportar las mentiras? Me refiero a no soportarlas nivel "si me mientes, me hago humo y no me volverás a ver en tu vida" o "miénteme y cualquier cosa que digas pasará a carecer de cualquier valor".

A mí me pasa. He roto amistades y relaciones porque se han saltado esa "línea roja". Mi abuela con sus palabras y sus correosas manos, mi madre con su incapacidad emocional y su egolatría, mis libros, mis canciones, mis amaneceres y algunos de mis "él", me han hecho aborrecer la mentira en cualquier versión. Creo con todas mis células que la verdad es siempre asumible, por dura y triste que sea, porque es la verdad. Y como decía Serrat, "lo que no tiene es remedio". Puedo lidiar con cualquier verdad, la que sea. Y creo que eso me convierte en una hembra adulta de homínido, madura y capaz, lista para afrontar la vida y tratar de dejar en el mundo algo bueno, honesto y duradero.


Pero... estoy en este club de lectura, tan "diverso" y este mes de ensayo nos hemos comprometido a leer "Posverdad", el libro de 2019 del periodista inglés Matthew D'Ancona. Y, hete aquí que me acabo de enterar de que el mundo está en pleno proceso de cambio. Uno de esos cambios que me acercan a la idea recurrente de echarme al monte, cual maqui en Liébana. Ahora resulta que la verdad no es algo sustancial. No es ni mucho menos un objetivo. Es más, la verdad está denostada. Ahora jugamos al juego de la "posverdad" que, en mi opinión, no es mas que una forma ridícula de edulcorar la pésima imagen política y social de la mentira. Ahora resulta que a la gente le importa más como les hace sentir el mensaje que la veracidad de su contenido... ¿Hola? ¿Algún macho de homínido maduro, comprometido y honesto que esté dispuesto a emular a Thoreau conmigo?


A ver, el ensayo está muy bien (sobre todo para los que nos acabamos de caer del guindo). Se lee fácil y hay montones de referencias a la actualidad tanto británica como estadounidense. Ahora bien, la realidad que ofrece es...devastadora. Mi mundo se derrumba, pero también los cimientos que he construido para sostener el mundo de mis hijos. Y lo de "mi mundo" es irrelevante. Soy una rara avis en retirada (ya visualizo la cabaña). Pero, ellos... Mis postulados inamovibles solo pueden lastrarles, pues resulta obvio que en un mundo donde no existe más verdad que la que a uno le interese, alguien cuyo código de conducta está regido por la fidelidad a los hechos tiene muy pocas posibilidades de supervivencia. Entonces, ¿qué hago?. Me doy cuenta de que lo que siempre para mí ha sido un punto en contra de la educación de mis hijos (su padre debió acuñar junto con Trump el concepto de posverdad) es ahora un punto a favor. Tal vez yo haya vivido equivocada todo este tiempo y resulta que es mejor quedar bien que ser honesto. Tal vez lo sea en el contexto mas próximo donde hay muchos más sentimientos implicados. Puede ser. Pero, eso, extrapolado a la sociedad, envuelto en redes sociales y trasladado por los medios de comunicación es aterrador. Y, en mi opinión, dejarse manipular por esa verdad a medida, mentira edulcorada o lo que sea, es síntoma de una sociedad en decadencia, infantil, manipulable, expuesta y condenada a vivir en alguna de las distopias que hemos leído por aquí.


En fin, agradezco la información que leer este libro me ha aportado. Por favor, si queréis seguir en mi círculo, absteneos de posverdades conmigo. Gracias.

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