El efecto Rashomon
Actualizado: hace 2 días

Se asocia el término a una película de 1950 de Akira Kurosawa que tenía ese título. La película arranca con tres hombres refugiándose de la lluvia bajo la puerta del templo de Rashomon y hablando del juicio a un bandido, acusado de matar a un samurái y violar a su esposa. Los hechos son contados desde distintos puntos de vista, utilizando la técnica del flashback (analepsia en castellano). Se van sucediendo los relatos de cada protagonista contando los hechos desde su perspectiva, tal que, al final, no se sabe con certeza qué es lo que ha sucedido.
Es esta película la que populariza el efecto Rashomon, que, mas o menos viene a decir esto que se ve en esta imagen:

A nivel literario, para mi conecta profundamente con una de las novelas más exigentes que leí este año, Arde el musgo gris de Thor Vilhjálmsson, considerada una de las obras más importantes de la literatura islandesa. En ella se desgranan los pormenores de un juicio por incesto en la Islandia del siglo XIX, desde el punto de vista de los testigos, los protagonistas y del juez, un personaje cuyo pensamiento evoluciona con los cambios en el paisaje, con una prosa muy poética pero muy prosaica también, con raíces muy ancladas en la justicia y la tradición.
Volviendo al concepto, el problema no empieza cuando existen versiones diferentes. El problema empieza cuando dejamos de distinguir entre una diferencia de percepción, una interpretación, una mentira deliberada y, en una vuelta de tuerca más, una construcción interesada del relato. Y esto enlaza con un concepto que en el club ya conocemos. Vamos a cocinarlo.
Ahora, no solo vamos a poner en la cazuela experiencia, conocimiento, perspectiva y subjetividad propias del narrador sino que vamos a introducir un ingrediente muy de moda. El interés en la construcción de una verdad que encaje con un determinado ideario, vamos, lo que ya aprendimos hace algunos libros que se llama posverdad. Pues bien, si cogemos el efecto Rashomon y le añadimos ese interés en adaptar el discurso a un determinado ideario, podemos mirar lo que está ocurriendo alrededor del caso de Mari Carmen y su desahucio. Un mismo acontecimiento puede ser convertido en relatos muy diferentes dependiendo de qué hechos se seleccionan, qué contexto se incorpora, qué se omite y desde qué marco ideológico se interpreta.

No voy a entrar a enumerar los datos que se conocen sobre la historia de esta persona. No voy a posicionarme del lado de nadie. No es mi interés sumar más ruido al que ya hay. Al contrario. Quiero hacer una reivindicación por la lectura. Porque leer, sí, leer, te permite mejores herramientas para entender la diferencia entre los hechos, las interpretaciones subjetivas, los discursos interesados y la posverdad. Y hay que ser consciente de que por mucho que leas, jamás verás las cosas de la misma manera que las ve otra persona, porque a ti te construyen los libros que tú has leído, las películas que tú has visto, los pódcast que tú escuchas y tus vivencias y al otro igual, pero con sus propias lecturas, películas, podcast y experiencias. Y esta diversidad es la que construye nuestra sociedad y es la que te puedes encontrar en nuestro club de lectura. Salir de tu zona de confort lectora tiene entre otras, esta ventaja.
También quiero decir algo más importante.
Leer no nos hace objetivos. Nos da más herramientas para sospechar de nuestra propia objetividad. Leer, observar, analizar, repasar, aprender y dejar de lado el ruido para pasar a la acción. Y no hablo de ninguna acción revolucionaria, ninguna acción anárquica, ni ninguna acción disruptiva. Hablo de aplicar lo que sabes para mejorar el mundo en el que vives y entender que si no está en tu mano hacerlo, lo mas inteligente es guardar silencio, para no alimentar el ruido. Entender que no siempre tenemos que intervenir. Que, cuando no tenemos conocimiento suficiente o capacidad real de actuar, a veces lo más responsable es no sumar una voz adicional que engorde un debate que no tiene como objetivo llegar a un acuerdo. Hablo de la filosofía de Tolstoi. Hablo de mantener lo construido, de no dejarse contaminar, de esto de lo que ya hablé antes, de la humildad intelectual. Como dice Yourcenar:

Y, vamos aun un poco más allá.
Leer también debería permitirnos descubrir que nuestra propia versión puede estar equivocada porque cuanto más lees, más consciente deberías ser de que también tú estás condicionado por lo que has leído. Cuanto más lees, más deberías desconfiar de las certezas que llegan demasiado cerradas, de las explicaciones que solo admiten una interpretación y de los postulados que no nos permiten preguntarnos de dónde vienen, hacia dónde nos llevan o qué intereses puede haber detrás de ellos.
Larga vida a los libros, los lectores y el pensamiento crítico. La primera duda sobre la verdad debería estar en nuestra propia idea de ella.




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